jueves, 28 de agosto de 2008

El club de los Cespedes nuevamente CAMPEÖN

Ser el primer club de fútbol de América genuinamente criollo en ideal e integración, encontró más obstáculos que beneficios, en una ciudad que cambiaba de siglo con la mitad de su población compuesta por extranjeros, y en un deporte que se resistía a hablar y pensar en español.
Tal es así que recién cuando se tuvo noticia de una invitación de la Liga Argentina para que Nacional participara en sus torneos oficiales, la “Uruguay Association Football League” se decidió a aceptar al club que adoptó para sí los colores artiguistas, otorgándole la afiliación que había rechazado sistemáticamente una y otra vez.
En su estreno en los torneos locales Nacional obtiene el vicecampeonato de 1901 y al año siguiente logra invictos y sin puntos en contra su primer copa uruguaya.
1903 fue un año de hazaña para Uruguay. Para el mes de Setiembre estaba pactado en Buenos Aires el segundo encuentro anual de selecciones de ambas ligas del Plata. Ante la deserción de los jugadores del C.U.R.C.C. de la selección, Nacional asume para sí el desafío y la responsabilidad de representar a nuestro país.
Esa tarde en Palermo Nacional derrota a la selección Argentina tres a dos. Con dos goles de Carlitos y uno de Bolívar Céspedes Uruguay conquista su primer triunfo internacional consagrándose campeón del Río de la Plata.
Tan solo dos semanas después Nacional y C.U.R.C.C. se enfrentan en la última fecha del campeonato uruguayo de 1903. El empate en el marcador aparejó la paridad en la primera ubicación del torneo.
La final fue aplazada para ser disputada el año siguiente, pero la guerra civil que se instaló en el país suspendió la actividad oficial.
La “League” sorpresivamente no aguardó el reestablecimiento de la paz y en forma inconsulta determinó que el decisivo partido debía disputarse el 28 de Agosto de 1904 en cancha del Albión.
El equipo de Nacional se encontraba disperso. Algunos como Gonzalo Rincón estaban en las legiones de Aparicio Saravia, Miguel Nebel en la clandestinidad y Pigni y los tres hermanos Céspedes se habían marchado a Buenos Aires huyendo al rigor de las levas.
El C.U.R.C.C. en tanto estaba entero, sus jugadores relevados de la actividad militar, algunos por ser extranjeros y los otros por ser trabajadores del ferrocarril y desempeñar una actividad considerada prioritaria, más aún en tiempos de guerra.
Las protestas de Nacional no fueron contempladas y la liga determinó que en caso de no presentarse, declararía al C.U.R.C.C. campeón del torneo de la temporada de 1903.
Se calcula que seis mil personas se hicieron presentes en la fría tarde invernal del Prado de Montevideo.
Seis mil personas que vieron ingresar a las catorce horas al árbitro argentino y al C.U.R.C.C. con todo su potencial.
Seis mil personas que aguardaban entre murmullos el ingreso de Nacional que ya se había demorado unos minutos.
Seis mil personas que vieron como se rompía el rumor acerca de la no presentación en la final, al divisar en ese instante a los jugadores albos ingresando en la cancha del Albion.
Seis mil personas que al percatarse que solo siete jugadores de Nacional se hicieron presentes, se miraban unos a los otros en busca de una respuesta, pero solo encontraban la misma interrogante que ellos mismos se hacían ¿porqué son los siete? ¿no había acaso otros jugadores a quienes acudir? ¿no había suplentes? ¿y quién atajaría esa tarde?.
Seis mil personas que no salían de su asombro sin sospechar que la mayor de las sorpresas no había llegado todavía.
En medio del estupor general irrumpió por el portón de la calle Diecinueve de Abril un carruaje tirado por dos magníficos caballos que llegó hasta el medio de la cancha.
De él saltaron al campo de juego ya uniformados Gaudencio Pigni y los hermanos Amilcar, Bolívar y Carlitos Céspedes, llegados desde Buenos Aires esa misma mañana.
Mientras en el terreno de juego los recién llegados recibían el saludo de compañeros y rivales, seis mil personas habían quedado más frías que esa neblinosa tarde de invierno del Prado de Montevideo.
En los momentos más críticos de la guerra las gestiones de Pedro Manini Ríos lograron una amnistía para que Pigni y los Céspedes pudieran regresar al país.
Negarse a alzar las armas contra hermanos no merece castigo, establecía el salvoconducto concedido.
En un emotivo encuentro Nacional derrotó al C.U.R.C.C. por tres a dos con dos goles anotados por Bolivar y uno por Carlitos Céspedes, consagrándose nuevamente campeón uruguayo.
Cuatro días después de aquella final Aparicio Saravia es herido en la batalla de Masoller y tras nueve días de agonía fallece en territorio brasilero.
Ese mismo mes, el veinticuatro de Setiembre de 1904 se pone fín a la guerra al firmarse la paz de Aceguá.
Algunos meses después, la epidemia de viruela apagó la vida de Bolivar, el nueve de junio de 1905 a la edad de veintiún años, y también la vida de Carlitos, a sus veinte años, el día veintinueve de ese mismo mes.
Pero la llama de su juventud siguió alumbrando como candil de gloria.
Cuando el cinco de marzo de 1918 Abdón Porte tomó la trágica decisión de quitarse la vida por no poder seguir vistiendo la camiseta de Nacional, solicitó en su última voluntad ser enterrado en el panteón de los Céspedes en el cementerio de La Teja junto a Carlitos y Bolívar.
Héroes en los albores de nuestra historia.
De Uruguay en aquella tarde en Argentina del trece de Setiembre de 1903 y por siempre de Nacional: “el club de los Céspedes”.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Mas socios ...



Mi nombre es Fernando Rivero y estoy muy emocionado y orgulloso de haberme hecho socio ayer 12/8/2008 y también a mi nieto, del decano, del club uruguayo más glorioso y del mundo como es Nacional. Tengo 45 años y he visto pasar la historia del fútbol delante de mis ojos como una serie de televisión y como toda en esta vida, la historia se repite. ¿Por qué me hice socio de Nacional ahora y no antes? Esto tiene una explicación sencilla pero larga de contar que trataré de explicar. Allá a principios de la década del 70 tenía yo 8 años cuando la primera gesta internacional del bolso en el ´71. Como olvidar a un Pulpa Etchamendi, un Artime, un Espárrago, un Montero Castillo (padre de Paolo), un Ubiña, un Prieto, un Cacho Blanco, un Cascarilla Morales, un Masnik, un Cubilla, un Maneiro, un Manga, un Palillo Mamelli , un Mujica y algún otro que me puedo estar olvidando. Veníamos de una sequía impresionante porque en aquella época ya fuimos victimas de la mayor maniobra mansha a manos del nefasto Cataldi. Ellos ganaban las copas en la década del ´60 apelando a practicas non sanctas afuera de la cancha. ¿Qué diferencia tiene con lo que pasa hoy? Era la época de las vacas gordas, cuando se podían comprar jugadores de cualquier parte del mundo y la plata sobraba hasta para aceitar algunos engranajes del entramado del fútbol. Luego con el advenimiento de la dictadura, el único lugar donde se podía votar y elegir presidente era en los clubes habiéndose convertido en verdaderos bastiones de la democracia en una época donde estaba todo prohibido. De esa época recuerdo haber sufrido los mayores despojos deportivos, hasta en la escena política. Nuestro presidente don Miguel Ángel Restuccia (me paro y me quito el sombrero) fue encarcelado mediante una maniobra de nuestro eterno rival por la incitación a juicio por una supuesta deuda no paga al “Polilla” de los Santos comandada por su abogado el dr. Julio Maria Sanguinetti. En lo deportivo ni que hablar, y como para muestra hace falta un botón recuerdo que el juez da Rosa en un clásico cobró una falta dentro de nuestra área a nuestro favor, se agachó y marcó con su brazo extendido el lugar. El juego se detuvo pero el faldero de Morena (el mismo que una noche erró 2 penales contra Colombia jugando por Uruguay) la mandó guardar y el juez cobró gol argumentando después que no había tocado el pito!. Fue el colmo, hasta esa desfachatez tuvieron. Luego en década del ‘80 vino la otra copa. De esa época recuerdo el gol de Waldemar Victorino, recuerdo a Mujica y a Gesto y don Dante Iocco (me levanto de nuevo y me quito el sombrero) y el haber celebrado en la Ámsterdam y en 18 de julio en plena dictadura desbordantes de emoción y de alegría. Luego en el ‘88 cuando el Vasco, Tony Gómez y Seré nos hicieron sufrir (fue un parto) hasta las 4 de la mañana en un agónico partido en Japón frente al PSV con su Romario y Koeman. Recuerdo haber salido del edificio como desaforado y haberme abrazado fraternalmente con un tipo que estaba en calzoncillos también festejando en la esquina y a quien no conocía. Pero luego se vino la noche con la PacoMafia a partir del 90 hasta nuestros días. Recuerdo a Paco en el banco de suplentes de Uruguay en el mundial de Italia 90, esa imagen lo dice todo. ¿Cómo no me voy a hacer socio de Nacional que me dio tantas alegrías? ¿Cómo no me voy a hacer socio de Nacional si siempre nos han estafado, retaceado, ninguneado y humillado hasta más no poder? No me banco más los desprecios manshas. Ni de sus simpatizantes ni de sus lacayos ni de los políticos de turno ni de los parodistas deportivos que día a día nos dan para atrás como “Lagrima Golpeado” Ríos, “gargajo” Kessoman, “manitas cruzadas” Goñi, Chochandi, “prolijo” Bardanca, “tenfieldlero” Moar, “buscador” Gorzy(lansky), JC “Cortadora de césped” Scelza, Alvarez de Ron “con Hielo” y hasta gente de la casa como el “cabecita” Toto, “independiente” Muñoz, “siempre serio” Lalo. ¿Cómo no me voy a hacer socio existiendo ahora una Cultura Nacional que nos une más que nunca? ¿Con un Parque Central esplendoroso y que va a más? ¿Cómo no me voy a hacer socio habiendo existido un Abdón Porte, un Atilio García, un Artime, un Waldemar Victorino, un Dely Valdés, un Palillo Manzini, un Loco Abreu, un Chengue a modo de representar las distintas épocas en un solo ídolo? Me llena de orgullo y emoción el hecho de ser SOCIO, así que les pido e invito a los que están indecisos, a los que todavía no lo pensaron que pasen por la sede y vayan al primer piso a hacerse socios, de pasada verán todas las copas que son unas cuantas ¿Cuántos clubes quisieran tener la cuarta parte de las copas que tiene Nacional? Nacional es un sentimiento, va más allá de lo estrictamente deportivo, NACIONAL ES UN ESTILO DE VIDA y la PacoManshaMafia también ha aportado su granito de arena, sí, porque están logrando el efecto contrario, en vez de hundirnos y separarnos nos unen cada vez más. Gracias Paco. Aguante la Cultura Nacional, aguante Alarcón y si sos mansha morite de la envidia y jodete. Fernando Rivero socio 67911.

jueves, 7 de agosto de 2008

Corazon Tricolor ...


En la década de los noventa entablé cierta amistad con futbolistas que leían. Con Pardeza y Pep Guardiola, muy especialmente. Ellos querían que les hablara de literatura, y yo en cambio que me contaran secretos del fútbol. A los dos les martiricé en diferentes noches preguntándoles si existían futbolistas de éxito que en el mismo terreno de juego hubieran sido conscientes, un día, de que acababan de hacer la mejor y última gran jugada de su vida. Se trataba obviamente de una pregunta que, en términos literarios, pocos escritores aceptarían responder. Yo, al menos, no he conocido a nadie que esté dispuesto a reconocer que su mejor libro ya lo ha escrito. Pardeza y Guardiola capearon el temporal con tacto y terminaron siempre eludiendo la respuesta a mi pregunta nocturna y obsesiva.
La respuesta la hallé casualmente, años después, en la historia trágica de Abdón Porte, medio centro del Nacional de Montevideo. Rostro afilado, cabellera lacia, muy alto, tenacidad combativa. Corría el mes de marzo del año de 1918 y en Uruguay se jugaba en aquellos momentos el mejor fútbol del mundo. Abdón Porte tenía 27 años y era el ídolo de los hinchas del Nacional, aunque éstos no sabían que Abdón sabía perfectamente que había hecho ya la última gran jugada de su vida. Había entrado en un ligero declive del que era consciente, y se veía suplente de otro medio centro en la siguiente temporada. Toda la hinchada tricolor (blanco, azul y rojo son los colores del Nacional) amaba a Abdón Porte, y aquel día de marzo el equipo derrotó por 3 a 1 en su estadio del Parque Central al Charley. Tras el partido, Abdón fue a festejar la victoria con sus compañeros. A la una de la madrugada se despidió de todos y dijo que tomaría el tren en la Estación Central. Pero algo sucedió cuando se quedó solo y cambió de idea, regresó al estadio. En medio de la noche, fue hasta el círculo central del campo, donde tenía la costumbre de reinar. Ya no le sustituiría nadie. Allí, en el centro mismo del estadio, se mató de un disparo en el corazón.
A la mañana siguiente, el cancerbero del equipo, que fue el primero en entrar en el estadio, encontró el cuerpo del medio centro. Junto al revólver, un sombrero de paja, con dos cartas. En una se despedía de los seres amados. Y en la otra -para que luego digan que literatura y fútbol están reñidos- unos versos copiados a mano: "Nacional aunque en polvo convertido / y en polvo siempre amante / no olvidaré un instante / lo mucho que he querido / Adiós para siempre".
Corazón tan tricolor. Todavía hoy, en todos los partidos jugados en el Parque Central, se puede ver en la tribuna una bandera con la leyenda Por la sangre de Abdón. "Pavada de alegoría -escribió alguien-. Allí donde estaba, siendo patrón del medio, quería que el tiempo se hiciera eterno". Pavada o no, dos semanas después de aquel suicidio, Horacio Quiroga, cuentista magistral y una de las vidas más trágicas de la literatura, se basó en la historia de Abdón para escribir Juan Polti, half-back, un relato que publicó en la revista Atlántida en mayo de 1918. "Cuando un muchacho llega, por A o B, y sin previo entrenamiento, a gustar de ese fuerte alcohol de varones que es la gloria, pierde la cabeza irremediablemente". De ese alcohol de varones y del mítico suicidio hablaría también, años más tarde, el relato Muerte en la cancha, de Eduardo Galeano.
El 13 de julio de 1930, sin relación alguna entre el suicidio del medio centro y la competición universal que se inauguraba, se jugó en el estadio del Parque Central el primer partido de toda la historia de los mundiales de fútbol. Se enfrentaron Estados Unidos y Bélgica. Así que puede decirse que el primer balón del primer mundial comenzó a rodar desde el lugar exacto donde Abdón cayera muerto, desde aquel círculo central en el que el medio centro decidió jugar su último partido, eternizarse en el centro del mundo, de su mundo.
Por ENRIQUE VILA-MATAS El Pais Madrid